Asa Cristina Laurell

Derecho a la Salud

Coneval. Baile de los números de acceso a la salud y seguridad social

Asa Cristina Laurell

La Jornada 13 de enero 2010

 

20100113 coneval

Durante los últimos años se ha promovido que los programas sociales sean evaluados por instancias técnicas, integradas por académicos especializados en el tema. Tal es el caso del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), encargado de la valoración de los programas sociales federales en México.

La suposición es que los académicos son científicos que pueden revelar la verdad por medio de la aplicación de la ciencia objetiva en un determinado campo. Esta premisa es en términos teóricos y epistemológicos cuestionable, particularmente cuando se trata de las ciencias sociales. Existen cientos de libros y artículos que lo discuten y lo demuestran. Es más, la idea de que la ciencia es estática con verdades absolutas contradice su esencia misma. En el mejor de los casos hay verdades preliminares en un momento dado.

Debido a ello, las revistas académicas exigen actualmente que el investigador haga explícito los valores que subyacen en su investigación, para que se tomen en cuenta al interpretar los resultados. Esto viene al caso porque en días recientes el Coneval presentó una nueva metodología de medición multidimensional de la pobreza, que incluye acceso a los derechos constitucionales, entre ellos a la salud y a la seguridad social.

La encuesta del Coneval fue realizada entre agosto y noviembre de 2008, y sus datos indican que las variables acceso a la salud y a la seguridad social serían los derechos sociales donde se tienen los rezagos más importantes con el 40.7% y 64.7% de la población, respectivamente. Estos datos hacen que surjan dudas fundadas de orden metodológico y de su medición en campo.

Un primer problema es que en los apéndices de la encuesta no se encuentra cómo están medidos acceso a la salud y acceso a la seguridad social. Existen preguntas sobre inscripción al Seguro Popular (SP), otro seguro o programa de salud, así como la cotización a la seguridad social y otras referentes a la atención de la salud. Sin embargo, no se especifica cuáles preguntas se incluyen para calcular el no-acceso.

Una razón para dudar de los resultados del Coneval es que los datos de otras fuentes oficiales sobre la inscripción al SP y a los institutos públicos de seguridad social son totalmente distintos. Entre la estimación del Coneval y la hecha por la Secretaría de Salud (Ssa), con base en datos del Consejo Nacional de Población y el cierre del padrón del SP, hay una discrepancia de 12.3 millones de personas inscritas a la seguridad social y al SP. Como se observa en el cuadro, la Ssa estima que hay 10.7 millones más de personas aseguradas y 1.6 millones más inscritas al SP que el Coneval. Las razones de una discrepancia tan importante podrían ser un muestreo no representativo de estas variables. Ya Boltvinik ha cuestionado la muestra marco del Instituto Nacional de Estadística y Geografía usada por el Coneval, que sobre representa artificialmente a las comunidades rurales.

Otra razón pudiera ser que haya dos definiciones totalmente distintas de acceso. Es conocido que estar asegurado o inscrito a un seguro no es lo mismo que tener acceso a los servicios de salud requeridos. Sin embargo, el Coneval no hace ninguna discusión metodológica sobre esta diferencia, por lo que no parece ser la causa. Una tercera explicación sería que se usó un cuestionario no validado, lo que da poca certeza sobre cómo los entrevistados entendieron las preguntas.

Los datos del Coneval pierden toda credibilidad frente a estas inconsistencias y la ausencia de transparencia en su metodología. No deja de llamar la atención que se subregistran a los asegurados de los institutos de seguridad social, justo cuando hay un estrangulamiento financiero de la seguridad social pública y una ofensiva del SP y el aseguramiento privado. ¿Estamos ante una falta de rigor científico o traslucen los valores políticos de los técnicos? Ante esta pregunta es necesario impedir que los datos de l Coneval se conviertan en la verdad oficial sobre la pobreza en México.

 

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