Asa Cristina Laurell

Derecho a la Salud

Cabildeo seudocientífico

Asa Cristina Laurell

La Jornada 7 de septiembre de 2012


En agosto se publicó en la revista Lancet un artículo sobre el Seguro Popular, The quest for universal health coverage, firmado por 18 personas, incluso dos ex secretarios de salud –Soberón y Frenk– y el actual secretario de salud, Chertorivski. Llama la atención que una revista científica prestigiada publique un artículo inusualmente largo que, además, es la repetición o síntesis de anteriores textos del equipo de Frenk. Todos los autores reportan además conflictos de interés respecto del contenido del artículo y 10 de ellos pertenecieron al grupo cercano de Frenk.

Resulta obvio que esta publicación forma parte de la disputa por el control de la Secretaría de Salud o la Secretaría de Seguridad Social en ciernes para el nuevo sexenio. Lo que sorprende es el significado de la utilización y colaboración de esta prestigiada revista en este propósito. Torcer la ciencia con fines ajenos a la generación de conocimiento, sea para adquirir poder político o para comercializar productos sin el debido rigor, es un problema ético creciente. Esta es la razón de exigir la declaración de conflicto de interés para incrementar la transparencia y credibilidad. En el caso que nos ocupa, todos los autores declaran tener conflictos de intereses, porque pertenecen al equipo diseñador y/o ejecutor y/o evaluador institucional del Seguro Popular (SP).

Resulta difícil creer que este artículo haya sido sometido a una evaluación independiente de pares en vista del evidente sesgo en la inclusión o exclusión de referencias bibliográficas y el uso acrítico de los datos de la propia Comisión Nacional de Protección Social en Salud (CNPSS). Incluso la aseveración inicial de que cobertura universal en México es sinónimo de protección social en salud es cuestionable, ya que sugiere que el SP es el único camino para garantizar el acceso universal de los mexicanos a los servicios de salud. Existen otros modelos que se pudieran instrumentar con éxito, pero requieren de nuevas prioridades nacionales que no son compatibles con la mercantilización de la salud y la fe en la competencia como la palanca de la eficiencia y la calidad de los servicios.

Para ejemplificar algunos de los sesgos del artículo se pueden señalar los siguientes. El primero es que la última medición independiente de la afiliación al SP, realizada con la Encuesta Nacional de Ingreso y Gastos de los Hogares, citada en el texto, demostró que había una discrepancia de 10 millones de personas o 21 por ciento con los datos del CNPSS, mientras el artículo reporta sin comentario el dato de afiliación de la CNPSS. Otro tipo de sesgo es dar datos de cobertura y hacerla equivalente a acceso cuando son dos nociones distintas.

El artículo sostiene que la prueba de los avances en la vigilancia epidemiológica es el descubrimiento de la epidemia de la influenza H1N1, cuando la propia Ssa reconoció que reaccionó tarde. Afirma además que la epidemia fue una de las razones de no alcanzar la cobertura universal en 2010, por el gasto en medicamentos y vacunas, cuando este dinero no se tomó del presupuesto de salud autorizado para los estados. Lo que no se menciona es el sistemático subejercicio del presupuesto autorizado por la Cámara de Diputados de 2008 en adelante. Además, se omite señalar que la Aportación Solidaria Federal ya casi no se transfiere a los estados por la manera como está condicionada por la ley.

Para demostrar el impacto en salud del SP se usa el concepto cobertura efectiva, aunque los propios autores reconocen las dificultades en su aplicación. Recurren además a estimaciones cuando faltan datos o los presentan con intervalos de tiempo variables. Por ejemplo, la mortalidad materna se da para 1990 y 2010, lo que impide conocer el impacto del SP. Así se encubre que la mortalidad materna incluso se incrementó temporalmente en el periodo 2006 a 2011, y bajó muy lentamente entre 2004-2006, principalmente por las intervenciones del Instituto Mexicano del Seguro Social.

La imagen que el artículo intenta vender es que el éxito del SP es innegable y comprobado con evidencias científicas robustas; llega incluso a recomendarlo como un mapa de ruta para el movimiento global para alcanzar la cobertura universal. Hubiera sido mucho más importante hacer un análisis de los problemas y dificultades que ha enfrentado.

Al final se retoman prácticamente todas las propuestas del programa de Peña Nieto para salud y seguridad social para no discrepar del consenso dominante y quedar al margen en la selección de los integrantes del gabinete.

 

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