Asa Cristina Laurell

La Jornada 12 de Julio, 2018

Asa Cristina Laurell

La máxima prioridad del próximo gobierno, pacificar el país, tendrá un impacto importante en la salud, pues pone de cabeza el dicho la vida no vale nada, que en adelante será la vida vale todo, la de todo mexicano. Es la reivindicación del valor igual de todos los seres humanos y plantea como obligación del Estado de garantizarla.

El proceso de pacificación del país tiene varias vertientes con un impacto directo e indirecto sobre la salud. El más evidente es su propósito de terminar la guerra no declarada, que es tan intensa e hizo bajar la esperanza de vida, particularmente de los hombres, cuestión que históricamente sólo ocurre durante las ofensivas declaradas o en presencia de grandes epidemias. Con cerca de 85 asesinatos al día en 2018 y un acumulado de 34 mil desaparecidos registrados y una cifra desconocida de no registrados, estamos ante una tragedia humana de grandes proporciones.

Visto como problema de salud pública, el homicidio tiene una tasa nacional anual estimada de 24 por cada 100 mil personas. Es más alta en los grupos de 15 a 39 años, con una tasa de 32.4, y por cada mujer asesinada hay en promedio nueve hombres ultimados. Si se examina en función de los años de vida potenciales perdidos, la magnitud equivale al tercio de los fallecidos por diabetes y a la mitad de los que murieron por infartos de corazón, enfermedades que ocupan el primer y segundo lugares como causas de mortalidad y son consideradas las nuevas epidemias. Así visto, el homicidio doloso también es una epidemia.

Por otra parte, los datos son mucho más altos para algunos estados y ciudades. Por ejemplo, en el año pico, Chihuahua llegó a 230 por cada 100 mil en hombres de 15 a 29 años, o sea 2.3 de cada mil jóvenes perdieron la vida. Las ciudades más violentas varían cada año. En 2017, 12 ciudades mexicanas se encontraban entre las 50 más violentas del mundo. Los Cabos ocupaba el primer lugar a escala internacional, con una tasa de homicidios de 111.3 por cada 100 mil, seguida por Acapulco en el tercer lugar, con 106.6, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.

El número de muertos es, con certeza, más alto, ya que los datos sobre desaparecidos están muy subestimados, y como hemos presenciado hay fosas clandestinas a lo largo y ancho del país. Cabe señalar que en los desaparecidos hay un patrón semejante a los asesinados, ya que 50 por ciento tiene entre 15 y 39 años. En sólo cinco estados –Jalisco, estado de México, Nuevo León, Sinaloa y Tamaulipas– desapareció 42 por ciento del total.

El impulso a los grandes programas de desarrollo social y económico también tendrán un efecto indirecto al disminuir la pobreza, relanzar la agricultura de subsistencia e involucrar especialmente a los jóvenes.

Un estudio reciente del doctor Rafael González agrupa a los municipios sobre la base del porcentaje de población en pobreza y analiza la tasa de mortalidad por distintas causas. El análisis encuentra una asociación clara entre el grado de pobreza en los municipios y la mortalidad por enfermedades infecto-nutricionales, que puede llegar a ser entre cuatro y siete veces más alta en los municipios de mayores carencias.

La mortalidad por enfermedades no transmisibles tiene un padrón más irregular. Por ejemplo, por diabetes en municipios de menos de 250 mil habitantes es más alta en aquellos de pobreza media que en los de pobreza alta; mientras, la muerte por accidentes vasculares es más común en los municipios con mayores carencias, patrón que se repite en la enfermedad alcohólica del hígado. Debe de tomarse en cuenta que con respecto a las enfermedades no transmisibles existe un problema de imprecisión diagnóstica, debido a la falta grave de servicios médicos, particularmente para la población de menos recursos. En el tema de agresiones, el estudio tiene resultados importantes al demostrar que la tasa de mortalidad es semejante en los municipios, con independencia de su tamaño, pero en los que tienen más de 250 mil habitantes y una proporción alta de pobreza es 2.16 veces mayor que el promedio nacional. Es decir, las zonas urbanas con un alto índice de pobreza son el sustrato de desesperación y violencia.

El proyecto para pacificar el país propuesto por AMLO y la defensa de la vida de todos los mexicanos hace ver que las matanzas cotidianas no son sólo un problema de seguridad, sino ante todo el rescate de valores humanistas y la proyección de un futuro mejor para los jóvenes y las personas que viven en pobreza.